Domingo 9 de marzo. Hay elecciones en España, país en el que vivo desde hace algunos años. Por esas cosas que tiene la navegación en la Web llego al interesantísimo blog del igualmente interesantísimo Éimon¹.
En él me encuentro, de pronto, leyendo lo siguiente:
In a country which has experienced fully democratic government for the last thirty years, where the cultural, linguistic and political rights of citizens are protected by law as well or better than they are anywhere in the world, Isaías Carrasco, a 42 year old married man, a father of three children, was murdered with five pistol shots in the back as he was leaving his home to go to work this morning.
Me digo que no, que no es como afirma Éimon. Que si bien la muerte de Isaías es aberrante, las primeras frases del párrafo no son exactas.
Que en España persisten ataques contra las libertades democráticas. Que su gobierno (y los anteriores) han mandado fuerzas de ocupación (Haití, Afganistán). Que hay zonas del estado español donde se proscriben Partidos (a pocos días de las elecciones). Que existe la tortura en sus cárceles. Que hay persecución contra los inmigrantes sin papeles.
Que…
Me decido entonces a dejar un comentario, conociendo la defensa de la libertad de opinión que siempre enarbola el bueno de Éimon. Escribo un comentario entonces, señalando palabra más, palabra menos mis objeciones a su post.
Espero un rato a que aparezca publicado (su comentario está esperando moderación, me informa WordPress.com).
Mientras, aprovecho para visitar otros blogs de gente amiga. Navego por aquí, navego por allá, pero no puedo con mi genio: debo volver a la hospitalidad irlandesa.
Sorprendentemente, me encuentro con que no existe mi comment, ni siquiera esperando ser moderado.
Inquieto, escribo un segundo en el tono humorístico y de compinche que me permito usar con mi amigo:
Vaya, parece que mi comentario desapareció en un abrir y cerrar de ojos. ¿Será obra de un demócrata a la española?
Bromeo.
Nuevamente los segundos de espera (moderando…) y finalmente ahí están, flamantes, mis dos comentarios.
Pero, ¡espera! Creo que no escribí esas líneas. Y menos habría de hacerlo en un idioma que no domino, el que usa habitualmente mi estimado irlandés.
Le mando entonces un tercer comment, para comentarle la extraña confusión.
Cito de memoria:
al menos por decencia deberías rechazar mis comentarios y no editarlos con cosas que no dije aprovechando además para insultarme.
Y ¡voilà! ahí está el tercero. Eh…creo que no. Me parece que Éimon ha puesto el de algún otro lector. ¿O estará queriendo decirme algo? Quizá lo haya importunado con mi opinión… ¡no! Imposible. El tiene en alta estima la libertad.
A pesar de que a veces expresa sus convicciones en voz alta y clara, aprovechando las garantías de que su comentario será publicado, y de que no se arredra frente a ningún tema, sé de su hombría de bien y por eso, abusando nuevamente de su hospitalidad, le dejo el cuarto y último comentario:
Podés poner lo que quieras con mi foto.
El único fascista que no permite el disenso sos vos.
Sé que puede parecer duro, pero yo también me permito opiniones fuertes, siguiendo en esto, lógicamente, al maestro.
Pero, inexplicablemente, WordPress nos vuelve a jugar una mala pasada y así, para desdicha de ambos, doy por terminada mi participación en tan interesantísimo blog, del no menos interesantísimo discourse consultant.
Aunque una duda me abruma: ¿será ésta la conducta que tipifica una «Mcdonaghización» de la lengua? ¿O del discurso? O tal vez sólo sea una lamentable confusión en el uso de idiomas diferentes.
¹ No me equivoqué, lo desea el propio Éimon.
























Ah, el boludo ese respondió a mis comentarios haciéndose el Barcelona, ¡Y mis comentarios eran en serio!
http://lalectoraprovisoria.wordpress.com/2007/09/02/gente-desalmada/